Conchi Cordoba y verdades como puños

Se que llevo mucho tiempo fuera, pero hoy quería hablaros de una cosa muy importante que sucedió en mi vida gracias a una youtuber muy especial, que hace tiempo que sigo.

Conchi es una mujer echa y derecha, ama de casa, que vive con su marido y su niño. Ella como muchas otras youtubers de su estilo, sube videos de compras en los supermercados, ofertas, maquillajes, cosas del día a día de la gente corriente como ella y como yo.  Pero es diferente, tiene un algo que me encanta, es auténtica.  Es inevitable echarse un buen rato riendo con videos emblemáticos y para mas de alguno, por cierto….  muy útiles como “Tutorial: uso escobilla larga para WC” o “ Depilación a la cera. Tutorial y rewiu todo junto”.

Pero hoy no vengo a hablar de su lado simpático. Ya hace unos días subió un video llamado “La violencia de género” en el que explica que paseando en el mercadillo, una señora le dio un folleto  en el que explicaba que es la violencia de género y ella ha subido un video charlando y explicando  que es lo que se puede hacer desde su particular visión del mundo, y tiene razón.

Dijo que deberíamos comenzar por  dar charlas en los institutos porque es ahí donde empiezan a aparecer estos problemas, y dijo bien.

Se me pusieron los pelillos de punta al recordar que yo fui una de esas desafortunadas  personas que, muy afortunadamente, se piró cagando hostias del MACHO que le hacía daño. Todavía hoy no consigo sacármelo de la cabeza. Yo solo tenía 17 años, 16 cuando  comencé una relación hermosa con un chico muy  tímido. Estuvimos juntos casi dos años, con  el paso del tiempo fue evolucionando a un romántico empedernido, decía yo.

Me escribía cientos de papeles diciéndome cuanto me quería, que quería que siempre fuese suya (qué bonito verdad)  y finalmente unos meses antes de la, en serio, MUY afortunada ruptura ,  comenzó a hablarme feo.

Saltaban por los aires muchos insultos extraños, el nunca había sido así, hablaba con agresividad cuando no se hacía lo que el quería. Como por aquel entonces estábamos a punto de empezar selectividad lo achaqué a los nervios.

Un día en la calle iba a despedirme de el, pero entonces llegó un amigo suyo y comenzaron a hablar ,apartándome. Yo tenía prisa y le dije que me iba, pasó de mi. Comencé a andar porque llegaba tarde , recuerdo que era una mañana con mucho sol, bajé por una calle empedrada por la que pocas veces pasaba en el trayecto común a casa por miedo a que viniese detrás de mi,  aún sin saber a que me estaba enfrentando. Lo escuche venir de lejos, corriendo. No se como logró encontrarme,  me agarró del brazo casi clavándome las uñas y me gritó que a donde creía que iba.  Todo el mundo se quedó mirando.

Suéltame, le dije.

Otro día quedamos para comer con una amiga de otro instituto.  Esperé a que subiese a casa a decírselo a sus padres, al final no le dejaron venir.

El bajó y me pegó una bofetada intensa.  Yo me fui a comer con la mejilla caliente.

Como esas algunas mas que  recuerdo un poco borrosas. Pero la última está  grabada a fuego: Quedamos a las ocho en mi casa. El solía llegar, timbraba y yo bajaba.

 Llegó a las ocho y media.

Bajé y muy risueña le dije que “menos mal que habíamos quedado a las ocho” ya que él había dicho que sería muy puntual.

Me cogió por el cuello y me pegó contra la pared, debajo de mi casa.

Apretó.

Mantuve la respiración como pude, conseguí que me soltara y fuimos a tomar algo. SI, fuimos a tomar algo. Tomé la decisión correcta en unos pequeños milisegundos que han hecho que mi vida tomase un nuevo y mejor camino.  Disimulé como si me lo hubiese merecido y pagué la cuenta.  Me despedí como avergonzada .

Una semana después  le mandé un SMS diciendo que le dejaba. No me atrevía a verle en persona. En el trascurso de esos siete interminables días no recibí una llamada, un mensaje un mail… nada. Pasaba de mí olímpicamente hasta  que le apetecía quedar conmigo y si quería, me insultaba, me pegaba.

Unas semanas después tuve la oportunidad de irme a Inglaterra un mes, no lo pensé dos veces. Cogí mis maletas y me fui disimulando como que nunca ocurrió nada.

Hasta el día de hoy.

No volví a verle hasta tres años después cuando desafortunadamente me lo crucé por la calle, ya tenia nueva novia, espero que no nueva victima.

Me saludó como si jamás hubiese pasado nada.

Mi reflexión para el día es hoy y para todos los que vienen es que no hace falta que salgamos un día a la  calle en una manifestación multitudinaria, lo único que tenemos que hacer es asimilarlo por dentro.

Os juro que puede confundirse con amor, como yo lo hice y como muchas también lo hacen a día de hoy.  Después llega la culpa… pero  jamás, JAMÁS somos ni seremos culpables por recibir estos maltratos.

Solo unas pocas conseguimos decir basta. Afortunadamente mi caso ha sido de los más fáciles que puedan existir.  Otras no tienen tanta suerte o no se atreven. Yo  abrí los ojos a tiempo.

Os aliento a que penséis en esto. Os dejo el vídeo de Conchi aquí abajo por si queréis verlo.

Un beso,

Eva.