nota

Quería deciros que me he tirado mis diez minutos intentando hacer alarde de mi buena, que digo, excelentísima mano con el dibujo para introducir mi foto de la ni mas ni menos glamurosa plancha de la entrada anterior. Creo que voy a etiquetar esta nota como ” paleolítico” porque mi arte podría estar inspirada en el estilo pictórico de esa flagrante y maravillosa época. En fin, cosas peores se han visto en las galerias de arte, ergo quizás soy un genio y no lo sé.

He de decirlo porque me resulta hasta irónico pensar que los  niños de tres años pintan mejor que yo, pero es lo que hay. Al menos soy simpática (o eso creo).

Sólo quería compartir con vosotros el estúpido y tronchante minuto en el que he visto mi recién escupida publicación y me he sentido mas ancha que larga admirando el hermoso trazado de mi plancha. Seguidamente he pensado: Eva, eres retrasada – carcacajadas-. Y aquí estoy, riéndome yo sola de lo penoso de mi vida, que de penoso no tiene nada porque no os podéis imaginar lo feliz que me hace ser tan “especial”.

 

Yo es que simplemente, me meo.

(de risa)

 

Eva.

Cuestión de vagancia

Veréis, tengo tantas cosas que hacer que no me apetece hacer nada. Que coño, hace frio, llovizna, y a mi solo me apetece meterme en cama con mi mantita y atiborrarme a comida basura mientras veo una película, preferiblemente una comedia romántica (y no por el hecho de ser chica) y ver pasar las horas de mi vida desde mi habitación iluminada con mis nuevas luces blancas, si, esas típicas navideñas que se ponen en los árboles que he colocado ayer muy meticulosamente , como no, en un intento de utilizar mi tiempo en algo que no sean obligaciones.

Y es que en estos casos me da por cosas que ni muerta haría en un día libre.  Es cuando tengo algo que hacer,  siempre relacionado con la obligación de tener que pasar largas y tediosas horas estudiando, cuando me doy cuenta de que realmente necesito ordenar el fondo más oscuro del armario. Quizás tengo que pasar la aspiradora urgentemente (que odio con todas mis fuerzas) o tengo que revisar mi (pequeña, en serio) colección de maquillaje porque de esto que, con el uso, se van ensuciando de productos varios color piel y  resulta feo ver algunas minusculas manchas.

O quizás necesito planchar esa torre de ropa, ese  montaña con forma piramidal (obra arquitectónica donde las haya) que lejos de la realidad, jamás decrece a lo largo del año. Ya que como siempre, utilizo la misma ropa una y otra vez y por tanto solo se mueve lo que viene siendo la puntita del iceberg, menos hoy. Hoy he decidido que no puede ser y enchufo la plancha, estiro los brazos y en un alarde de heroicidad  cojo tres o cuatro cosas de la  punta y empiezo a planchar.

plancha eva truth

En fin, que decir. Quizás soy la única persona en la tierra que le ocurre esto. Supongo que todo tiene sus ventajas. Quieras que no un “ordenamiendo” de armario de vez en cuando no viene mal…. Pero vamos, que nadie disimule esa eufórica sensación de tirar de una prenda de ropa de la base de la montaña y ver como el resto del montón queda en su sitio.

No se consuela el que no quiere, ¿verdad?

Eva.